Conceptualizando la empresa cuantificada, sinergias del yo cuantificado en entornos profesionales

ENVIADO POR JOSE ALCÁNTARA EN LUN, 2012/12/03 – 10:43
Pulsómetro, «yo cuantificado»
Englobamos bajo el genérico «yo cuantificado» a una corriente heterogénea de pensamiento encaminada a aumentar la autonomía de la persona en los procesos de toma de decisión por la vía del análisis sistemático de las pequeñas cosas. Midiendo el mundo desde la base de que sólo midiéndolas podemos valorarlas bien. El «yo cuantificado» es heredero de los tiempos en que vivimos, y es que estamos rodeados de máquinas que, como bien señaló Douglas Rushkoff en su Program or be Programmed, tienen una tendencia a la generación de cantidades enormes de datos. La empresa debe poner estas técnicas de yo cuantificado al servicio de la generación de conocimiento y, en consecuencia, de nuestra capacidad de innovar. Ahora, la clave para convertir nuestra empresa en una empresa cuantificada y mejorar nuestra capacidad de renovación y adaptación es que las personas que forman parte del proyecto no sientan estos cambios como eso que nos impusieron y nos hace la vida más difícil, sino como algo que mejora su día a día laboral. Veamos por qué y veamos cómo conseguirlo.

Qué es el «yo cuantificado» y cuáles son sus ventajas
El «yo cuantificado» toma medidas acerca de pequeños actos cotidianos de forma sistemática, para evaluar la evolución temporal de los mismos y para obtener conclusiones estadísticamente significativas. Sin duda, una de las facetas que más visibilidad reciben es la prevención en temas de salud. Toda reflexión sobre el «yo cuantificado» implica evaluar adecuadamente las diferentes facetas que éste toca y los diferentes objetivos que promete ayudarnos a cumplir. Así, en clave de salud puede que medir tu peso diariamente sea el factor que marque la diferencia para eliminar esos kilos de más.

Pero hay muchas otras facetas no limitadas a la persona en sí, sino que alcanzan a la persona en su contexto. En este ámbito, representa una oportunidad de estudiar el uso que las personas hacen de los recursos físicos y digitales del proyecto, más allá del ajuste de cuentas gastos-ingresos, analizar qué dónde o cómo surgen las conversaciones, qué conocimiento sirven para elaborar, quiénes trabajan mejor en equipo con quiénes o valorar con exactitud qué coste de oportunidad tienen las diversas acciones que llevamos a cabo. Son pequeñas cosas que abren todo un abanico de posibles mejoras en el día a día de las personas que forman nuestros equipos (desde mejoras de ánimo a eliminación de tabúes) y, por tanto, para el proyecto en su conjunto.

O es voluntario, o no sirve de nada: lecciones de personotecnia
Lo principal es que estos procesos necesitan contar con la complicidad de las personas. Lo pongo muy claro porque generalmente se habla de estos temas al hilo de la agregación de datos como si de ese proceso de big data fuera a emerger la voz de dios, una especie de conocimiento colectivo universal que hará que las personas dejen de ser importantes y que un algoritmo nos diga cómo actuar. Nada más lejos de la realidad. Una de las cosas que aprendimos de Mark Shuttleworth y su Ubuntu es que «yo soy lo que soy porque nosotros somos lo que somos». La persona es parte de la comunidad, pero ante todo es persona («yo soy»). Del mismo modo, las personas somos parte de proyectos pero, ante todo, somos personas.

Esto se traduce en la necesidad de que la persona decida si quiere participar de la empresa cuantificada o no. No es ninguna tontería. Uno de los pilares de la personalización comercial de la que tanto se habla es que o contamos con la complicidad de la persona o esta personalización tendrá un impacto muy limitado. No es que vaya a empeorar la situación, pero desde luego no vamos a recibir los beneficios que nos contaron que obtendríamos. Es lo que algunas de las personas que más conocen estos fenómenos de publicidad dirigida, como Javier Recuenco, denominan personotecnia.

El proceso de empresa cuantificada busca producir sinergias entre las mejoras que el yo cuantificado genera a los miembros de nuestro equipo y, por tanto, debe partir de la premisa de que éstos quieran ser parte del proyecto y aprovechar estos mecanismos para mejorarse a sí mismos, y que posteriormente estas mejoras repercutan en el equipo en su conjunto.

Cuidando la privacidad
Que sea voluntario ya ayuda bastante, dado que estamos siendo conscientes de qué terreno pisamos y decidimos tomar esta ruta. Como decíamos anteriormente, la persona ha de ser consciente que está participando de un sistema tipo «yo cuantificado».

Aún así, puede que muchos vean el formar parte de este proyecto como un desgaste de su privacidad que asumen como un coste para acceder a los otros beneficios que promete el sistema (mejoras personales, mejoras en el entorno de trabajo).

Sea cual sea el caso, es primordial cuidar la privacidad de todos los implicados, para que se sientan en confianza con el proyecto y no lo perciban como un ente que pretende exprimirlos desde arriba (algo que nos sirve para continuar el paralelismo personotécnico). Obviamente, se trata de que esa confianza esté justificada, pues lo contrario es una bomba de relojería para las personas y, consecuentemente, para el proyecto.

El desarrollo de este entorno de confianza es vital, dado que todo proceso de empresa cuantificada, al igual que los de yo cuantificado, son un proceso de autoaprendizaje, y aprendemos mejor y más rápido si podemos, sencillamente, relajarnos y seguir con nuestras cosas, en lugar de estar en tensión constante.

Para cuidar la privacidad de las personas en el fondo se necesitan sólo pequeños detalles: definir muy bien quién y bajo qué condiciones tendrá acceso a los datos, y minimizar el viaje de estos por la red de redes usando, si es posible, una solución in-house hecha con software libre del que nos podamos fiar y reduciendo la posibilidad de acceso imprevisto a la agregación de toda nuestra actividad interna. Como decíamos, cuidar a las personas que forman parte del proyecto no es baladí: son el origen de todo lo bueno que logremos.

Beneficios uno a uno, mejora para todos: innovación como proceso al servicio de la empresa cuantificada
Hagamos balance: la empresa cuantificada comienza en el yo cuantificado, y los beneficios para el proyecto surgen como consecuencia de los beneficios para las personas implicadas en él. Las sinergias, como colaterales inesperados de estos beneficios para las personas.

Por supuesto, unos entornos laborales son mejores que otros. Pero, ¿y si acordáramos que trabajar horas extra el día que estamos lúcidos nos permita fabricarnos puentes ad hoc sin gastar vacaciones y sin que medie fiesta oficial alguna? Parece buena idea teniendo en cuenta que la lógica en muchas empresas es que se te tilde de mercenario si intentas reclamar las horas extra (implícitos poderosos sobre los explícitos contractuales). Es un ejemplo mínimo (y podríamos debatir sobre la utilidad del concepto «hora facturable») pero da una idea de cómo la empresa cuantificada aprovecha el yo cuantificado para dotar a las personas de unas condiciones y entorno de trabajo que se adapta mejor a sus necesidades y deseos, un entorno verdaderamente personal, en un contexto medible (y por tanto, mejorable en el tiempo) al servicio de la innovación y del proyecto, que deja así de ser un suceso casual para convertirse en algo en lo que trabajamos hasta que lo logramos, un proceso.

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