¿Por qué Cartograf?

Los mapas no solamente son portadores de mundos, más aún, son creadores de mundos. Y puede que muchos no lo sepan, pero cartografiar no tiene sinónimo en español, si bien usamos con bastante soltura un neologismo importado del inglés que nos sirve más o menos para lo mismo, mapear (del inglés to map). Los ingleses, por su parte, carecen de un verbo como cartografiar. Y digo que usamos un neologismo importado del inglés porque es de ahí que cazamos modas y tendencias, aunque idiomas más cercanos al nuestro como el catalán disponen de ambos verbos: mapar y cartografiar.

Así, ¿mapear o cartografiar? Las diferencias no son evidentes, pero van más allá del nombre, y entroncan directamente con lo que entendemos por mapa. Con frecuencia el mapa es contemplado desde una óptica práctica, que ve en él una herramienta sencilla y útil que desde hace siglos ha guiado a todo tipo de viajeros. Lo cierto es que en un mapa hay mucho más. Los mapas son objetos complejos, pues son una representación constructivista de aquello sobre lo que hablan. En el mapa confluyen la necesidad de comprender el mundo con la imposibilidad de hacerlo, presencia y ausencia, en tanto el mapa es una ilusión de la misma realidad a la que al mismo tiempo construye.

Es ahí donde la percepción de un mapa como una mera herramienta práctica cede terreno a la concepción del mismo como herramienta de dominación. Pues aunque se pueda pensar que un mapa sirve para comprender el mundo, la realidad es que los mapas sirven para ver el mundo, y nuestra visión del mundo a través de un mapa no estará nunca absuelta de sesgos. De construcción de un mundo ad hoc mediante la creación de mapas podemos aprender mucho leyendo la historia. No hay más que mirar las líneas rectas trazadas en que se divide el mundo, desde Norteamérica a África. Son líneas trazadas en despachos que acaban determinando el mundo. 

Internet hace posible todo un nuevo mundo menos vinculado al territorio. Más aún, Internet invalida los viejos mapas y el sistema que se amparaba en ellos consigue, a duras penas, salir de su sorpresa, incapaz de mirar al futuro con valentía. Pero, con toda su vastedad y sus enormes posibilidades, en Internet hacen falta nuevos mapas, siquiera sean éstos de un nuevo tipo: mapas de personas, de redes de personas que llevan consigo entorno y nuevos mercados. Quizá nadie expresó mejor esta idea que William Gibson, escritor de ciencia ficción y creador del hoy extendido término de ciberespacio a primeros de la década de 1980. Gibson no sólo comprendió que la Red era un nuevo espacio, sino que supo ver que para este nuevo espacio aún no había mapas. Corría el año 1999 cuando publicó su documental No Maps for These Territories.

Efectivamente, Internet es un mundo nuevo, tan cambiante y fluido que para caminar por él hacen falta nuevos mapas constantemente. Y no queremos repetir la historia permitiendo el tirado de líneas que no tengan en cuenta a las personas. Cartografiar la Red, el mar de redes que pululan dentro de la red, para ir más allá de lo que nos permiten los mapas trazados por miradas que no son la nuestra, es una labor titánica, mezcla de la épica del explorador y la lírica de los detalles que hace nuestra vida más humana, pues en esa labor se unen el trabajo y la vida, dejando patente que en los tiempos que corren no puede haber uno sin lo otro.

Cartograf es un intento consciente de construir el nuevo mundo, al que en apenas una década y media estamos tan sólo acostumbrándonos, de forma que en él sean posibles nuevas formas de vida y expresión. La desvinculación del territorio hace posible, esta vez sí, que Internet sea un mundo en el que quepan muchos mundos. Este nuevo mundo será el reflejo de las acciones de quienes cada día ayuden a forjarlo, y en Cartograf abogamos, como John Perry Barlow en su famoso manifiesto de independencia del ciberespacio, por crear mundos más hermosos y humanos que ninguno de los que hasta ahora se hayan construido.