Sin identidad no hay trabajo que valga la pena
En Nada es gratis Sara de la Rica publicó ayer sobre la economía de la identidad, a raíz de una conferencia que dio Rachel Kranton, uno de los autores del libro del mismo título, el pasado diciembre en el Simposio de la Asociación Española de Economía. La economía de la identidad me parece un ámbito de investigación muy interesante para repensar cómo organizarnos en la nueva realidad que supone el mundo en red, lo sigo de cerca y me ha gustado encontrar ese interés por parte del mainstream de los economistas.
El post repasa los tres ámbitos económicos a los que el libro introduce el componente de la identidad, es decir, la pertenencia de las personas a grupos sociales: la organización del trabajo, la educación y las diferencias de género. Con respecto al primero comenta Sara de la Rica que:
los autores abogan por un modelo económico de organización del trabajo en el que se incluya el concepto de identidad o identificación del trabajador con la empresa, que en este contexto se define como «sentirse insider». Plantean un modelo sencillo de principal-agente e introducen el concepto de identidad. Encuentran interacciones interesantes entre la identidad y otros conceptos tradicionales como retribución y desutilidad del esfuerzo. En concreto, de su modelo se desprende que los trabajadores identificados con la empresa (insiders) necesitan menor retribución para ejercer su trabajo adecuadamente y además, la desutilidad del esfuerzo que realizan es menor. Dada la importancia de que el trabajador considere la empresa como suya y actúe en consecuencia, una de las lecciones que se desprende de esta teoría en el ámbito de la organización del trabajo es que los empresarios deben comportarse de acuerdo al objetivo de lograr que el máximo número de empleados se identifiquen con la empresa.
El futuro es de las empresas con identidad fuerte y cohesionadora. La tendrán las empresas que faciliten el trabajo en lugar de gestionarlo y en las que se trabaje más a base de relaciones y experiencias y menos a base de datos e información. Recordando mis propias experiencias laborales y mirando a mi alrededor, no puedo sino pensar que la mayor parte de este camino queda por recorrer. Alrededor del 60% de las personas no se identifican con la organización de la que forman parte como trabajadores. Un dato que me provoca auténtico dolor si pienso en las realidades cotidianas concretas que se encuentran detrás.
¿Por dónde comenzar para llegar a la situación de que «el trabajador considere la empresa como suya»? Se me ocurren dos puntos de arranque:
- En las organizaciones, tomar decisiones que respondan a las verdaderas motivaciones de las personas una vez tengamos las necesidades básicas cubiertas: (1) ser buenos en lo que hacemos, (2) ser autónomos y (3) hacer las cosas con sentido, con un propósito que nos importe. Si nos fijamos, las tres son características que las máquinas no tienen y que, por tanto, son nuestra principal ventaja competitiva frente a éstas.
- Hacer las cosas bien y con sentido, ser autónomos — nuestro ser y hacer, es decir, nuestras identidades son el fundamento para nuestras motivaciones. Por eso, lo más importante que podemos hacer las personas no es buscar trabajo sino buscarnos a nosotros mismos. Descubrir qué nos mueve desde dentro, contarlo y buscar el contexto que nos permite darle forma haciendo cosas.
Con tan sólo estos dos puntos, creo que se podría conseguir una diferencia abismal a mejor en el grado de compromiso de las personas con las organizaciones y los proyectos de los que forman parte, ¿no os parece?

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Comentarios
Bien dicho: compromiso con organizaciones y proyectos
¡que no con empresas! (no en todos los casos, al menos)
El profesional sabe que trabaja a cambio de un salario. Es una relación simbiótica entre el empleado y el empleador. Si es beneficiosa para ambas partes, continuará. En caso contrario se romperá. Un grado mínimo de compromiso es como el valor en el ejército: se le supone al soldado, se le supone al profesional. Para que ese nivel de compromiso alcance un nivel alto, ese que hace que el trabajador esté muy a gusto, sienta el "flow" y por lo tanto rinda más, lo importante es la "organización" en la que se integra y con la que interacciona (departamento, equipo de proyecto) y que los proyectos que se le asignan le resulten de interés y tengan el nivel de dificultad adecuado (de nuevo por el "flow": si es muy sencillo se aburre, si es demasiado complicado y difícil sentir que día a día avanzas, el empleado se agobia).
La "empresa", si es una grande, jamás puede equivaler a "organización" en este sentido. Es demasiado grande, hay demasiadas personas dispersadas geográficamente y con objetivos divergentes para que exista el contacto humano y la afinidad requerida para que se comporten como "comunidad" (ni se conocen, ni reman todos en la misma dirección). Además, por factores que se deciden lejos, muy lejos del empleado, es posible que, independientemente de su rendimiento, sus éxitos y su sentimiento de pertenencia, se vea afectado por fusiones, ventas, o incluso desmantelamiento de negocios, divisiones, geografías enteras. De un día para otro, o se ve en la calle o bajo la tutela de una empresa diferente.
Si el empleado se ha creído eso de que "su empresa era su familia" y su compromiso ha sido hacia "el logotipo" y no el grupo con el que trabajaba, se sentirá engañado y muy decepcionado. Si el empleado ha tenido claro esto desde el principio, dará las gracias a la empresa por los años de relación satisfactoria, no quemará ningún puente, y afrontará su futuro en clave positiva (por difícil que sea su situación).
En caso de PyMES, es muy posible que organización=empresa. Solamente quería recalcar que en empresas grandes, y más todavía en trasnacionales no es lo mismo.
¡Saludos!
Importante tu apunte
Muy acertada tu «calca» (jeje, es neolingua de Anatema), y más sabiendo que viene de la experiencia. Parece que en el caso de empresas grandes el reto de la identidad es demasiado grande. Podrán seguir siendo grandes hasta que puedan escapar de las reglas del mundo en red, por ejemplo con monopolios como la propiedad intelectual. Lo de «organización» me sale precisamente porque es una palabra que creo que transmite mejor la complejidad del asunto. ¡Un saludo!
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… es de extrañar que sean precisamente los militares. La lección que podemos «cazar» ahí es que el futuro es de las empresas con identidad fuerte y cohesionadora. La siguiente cuestión es cómo generar esa identidad conectando ideas y personas con lógica de red y no con lógica de …
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