Cluetrain, Barabási y el manifiesto ágil, ¿son útiles los viejos legajos?

The Cluetrain Manifesto

Hablando de sociotecnología, los años 90 deberían ser recordados por habernos legado muchas de las ideas más innovadoras y disruptivas en lo que se refiere a cómo Internet iba a influir en diferentes ámbitos de nuestro día a día. Podría decirse a que era un tiempo en que las mentes más privilegiadas de esa generación no estaban, como sucede ahora, preocupadas buscando optimizar el número de clicks en los anuncios que se nos muestran, pero eso sería abrir un segundo tema de conversación, y en este post nos vamos a centrar en ese legado que fue germinándose durante aquella década para florecer en forma de teorías, manifiestos y movimientos que vieron la luz en torno al año 2000. Muchas de esas ideas fueron largamente ignoradas, otras fueron aplaudidas, denostadas y posteriormente reivindicadas y otras nunca han sido cuestionadas, justo cuando habría sido necesario cuestionarlas. Propongo revisar algunas de ellas y evaluar cómo han soportado el paso del tiempo.

Todo esto porque el otro día pasaba por las oficinas de Territorio Creativo para ofrecer una sesión introductoria a Drupal y en eso que mientras preparábamos sala, proyector y alguna cosa más llegamos hasta su biblioteca y me puse a curiosear los libros que por allí había. Entre ellos, una edición en papel de The Cluetrain Manifesto, que no podía faltar, por supuesto. Ahí me doy cuenta de que tengo en mente una reflexión que no había aún puesto por escrito: ¿cómo han soportado el paso del tiempo algunas de las ideas que, en diferentes ámbitos, fueron dadas a conocer hace una década cuando se vio claro que Internet iba a trastocar el día a día de muchos sectores?

Por centrarnos en tres ámbitos casi de revisión obligada revisaremos en este post cómo han sobrevivido al paso de los años el manifiesto por un desarrollo ágil de software (AgileManifesto.org, febrero 2001), la teorías de redes libres de escala de Barabási (Science, octubre 1999) y el manifiesto Cluetrain (Cluetrain.com, abril 1999).

El manifiesto ágil, ganando terreno sin hacer ruido

La historia del manifiesto por el desarrollo ágil de software es bien curiosa. Declamado en 2001, pasó casi una década completa en la mayor de las soledades y sólo se ha puesto de moda reivindicarlo a modo de buzz para intentar demostrar lo ingeniosos que somos. Más allá de las habituales técnicas de venta y marca personal, lo cierto es que el desarrollo de software necesita ser ágil.

En concreto, y en el caso de software libre, si hacemos nuestro el release early, release often de Torvalds, al que Eric S. Raymond dedicó un capítulo en su imprescindible La catedral y el bazar, no hay otro camino posible: liberar código tan pronto sea posible, con tanta frecuencia como sea posible, y prestando atención a nuestros usuarios y clientes para rectificar nuestro camino tan pronto sea posible.

Sin duda, tanto Torvalds como Raymond y los firmantes del manifiesto ágil original estaban agotados de los farragosos procesos de desarrollo de las grandes corporaciones de software de los ochenta como Microsoft o Apple, con ciclos de desarrollo que entregaban al usuario una nueva versión de la aplicación tras dos años de desarrollo y, a menudo, sin haber solucionado sus principales peticiones. Esta fórmula fue adoptada por muchos otros para desarrollo de software no libre, como es el caso de Google y sus servicios web. Por cierto, Microsoft o Apple siguen enfrascados en la misma política que ya seguían entonces: versiones cada cierto tiempo en la que se entrega al usuario unas funciones y se les niegan otra, sin importar qué hayan pedido.

Barabási y la vigencia de las redes libres de escala

La publicación del archiconocido paper de Barabási en Science supuso un terremoto para el estudio del análisis de redes. Sin embargo y pese a la potencia numérica de sus análisis, durante la siguiente década no faltaron críticos que afirmaban que en Internet no se cumplía el modelo de redes de escala libre. Como quiera que pocas veces una persona es capaz de tener ideas geniales de forma recurrente (aunque muchos así lo intenten hacer creer), la ausencia de nuevas ideas revolucionarias por parte de Barabási hizo que siempre que hablara en público «contara lo mismo de siempre» y pronto se le comenzó a percibir como desfasado, ajado y viejo.

Sin embargo, esta percepción no podría ser más errónea. En 2012 e incluso en esos subsistemas dentro de Internet que prometían invalidar este modelo (como es el caso de los blogs) resulta a todas luces evidente que éste se cumple con certidumbre: arrancar un blog en 2012 es costoso, mientras que muchos blogs reciben una atención nada despreciable por el sencillo hecho de haber estado allí hace mucho tiempo. De hecho, una de las afirmaciones más difíciles de explicar cuando se encara el desarrollo de una estrategia de blogueo con un cliente (el hecho de que los frutos se recogen a medio y largo plazo) es, precisamente, una consecuencia directa de la vigencia del modelo de Barabási en este sistema.

Por supuesto, si nos centramos en otros subsistemas cuyo diseño tiende a una mayor centralización (por ej. Twitter), resulta obvio que las cuentas que llevan activas durante más años acumulan más conexiones a otras cuentas y más suscriptores por el sólo hecho de que llevan mucho más tiempo que los nuevos recibiendo «eventos de suscripción cuasi-aleatoria de nuevos usuarios». Vamos, alguien que prueba el servicio y como te conoce remotamente te añade para ver qué tal funciona, y los que llegan primero reciben más cantidad de nuevos contactos, por simple azar.

La moraleja está clara: Barabási es hoy tan vigente como el primer día.

Cluetrain, el manifiesto nunca cuestionado que merecería serlo

En estas que llegamos al manifiesto Cluetrain. Como Barabási o los artífices de las teorías del desarrollo ágil de software, el Cluetrain fue desarrollado y firmado por personas que en los 90 descubrían y disfrutaban Internet y veían la influencia directa de lo que ahí podía encontrarse para su ámbito de trabajo cotidiano. En el caso del Cluetrain este ámbito era la publicidad y mientras el manifiesto ágil realizó una travesía por el desierto hasta ser reconocido y Barabási fue a ratos subestimado antes de ser definitivamente reivindicado, el manifiesto Cluetrain fue rápidamente alabado, blindado y supuestamente adoptado de forma masiva.

La realidad es que apenas nadie cuestiona el manifiesto pero, ¿cuántos lo ponen en práctica? Es al realizarnos esta pregunta cuando descubrimos que hay mucho más que rascar de lo que parecía. Aún siendo el sustrato ideológico sobre el que se ha construido toda la palabrería de «lo social» en Internet, pocos parecen ser conscientes de que la principal y más importante tesis del manifiesto («Los mercados son conversaciones») no es ni de lejos lo que está teniendo lugar en los espacios web que son acríticamente admitidos como el paradigma de «lo social» e, intrínsecamente, como el paradigma de lo que Cluetrain predecía y aspiraba a construir.

No es ya que no nos creamos que una empresa o un museo «quieran ser amigos nuestros», es que la construcción misma del sistema es aberrante: ése método por el cual «Empresa SL» publica posts en su blog, envía tuits y amiga a personas en Facebook, como si se tratase de la voz de dios reencarnado acercándose a los mortales. Es la estupidez hecha bits, más bien. Por no mencionar lo obvio, y es que las técnicas de comunicación y publicidad en servicios como Facebook y Twitter siguen las normas de la comunicación de medios de masas tradicional: buscar la hora punta para alcanzar a millones de personas con mensajes a menudo vacíos, carentes de toda provocación que pueda conllevar la pérdida de un cliente.

Conclusiones

La labor llevada a cabo por quienes desarrollaron las ideas que hemos analizado continúa siendo valiosa a día de hoy. Eso es cierto tanto para el desarrollo ágil de software (tanto o más si se trata de software libre), para el análisis evolutivo de redes (tanto forense como predictivo) y para la comunicación en Internet (¿la hay de alguna otra forma a estas alturas?).

No obstante, es en este último ámbito donde se ha realizado una labor menos acrítica con el sustrato ideológico sobre el que se ha construido en años recientes, llevando a la paradoja de que nuevos segmentos completos como el así llamado «marketing social» llevan ese nombre en función de lo anunciado por unas ideas según las que dicen guiarse, cuando la realidad es que ni las están usando ni las necesitan. Resulta llamativo que de los grandes manifiestos y teorías vinculados a Internet surgidos en torno al cambio de milenio el único que no ha sido criticado y que todos dicen estar acatando y aplicando sea, precisamente, el único que no está siendo aplicado sencillamente porque en los sistemas en los que se pretende aplicar, éste no resulta aplicable, mientras las que atraen menos atención masiva son herramientas aceptadas y conforman la piedra actual del trabajo diario de cada vez más personas.

¿Significa esto que Cluetrain está equivocado y que, por tanto, hay que descartarlo? En absoluto, la afirmación anterior («el así llamado "marketing social" no está usando ni necesita el manifiesto Cluetrain sobre el que dice estar basado») nos está informando no sobre la validez de Cluetrain, sino sobre los sistemas a los que se ha intentado aplicar. Y lo que nos está informando es que Cluetrain no es de aplicación en sistemas masificados que se rigen por las reglas tradicionales, en los que la conversación «es sorda» y en los que la comunicación no consiste en buscar la cercanía sino en llegar a una determinada plataforma haciendo más ruido que nadie, aunque lo llamen «ser social».

Quizá es que para aplicar bien aquel manifiesto hay que dejar los «medios sociales» para buscar espacios en los que conectar de verdad, quizá es que el universo de comunicación cercana, más parecido a la personotecnia de la que habla Recuenco, nunca fue más inviable que en estos servicios web. Eso sí, está claro que si otros sistemas más cercanos --y más dados a construir y alimentar otro tipo de relaciones-- no consiguen arañar una cuota de atención a estos servicios centralizados, la profecía de aquellos pioneros («the end of business as usual») se demostrará totalmente equivocada. Si eso es bueno o malo, lo dejo a discreción del lector, pero no negaré que creo que spam (y no me olvido del spam analógico) ya hemos recibido demasiado a lo largo de la historia y que de Internet efectivamente esperábamos que mejorara esto.

Imagen de Jose Alcántara
Jose Alcántara es consultor de innovación especializado en redes y toma de decisiones tecnológicas, y socio fundador de Cartograf.
Es autor de dos libros publicados, La sociedad de control (2008) y La neutralidad de la Red (2010). Publica análisis (casi) diariamente en Versvs.

Comentarios

11
Imagen de Michel Godin

Echaba de menos una lectura profunda y reflexiva sobre 'qué' estamos haciendo. Y te luciste con lo incisivo y oportuno a mi juicio del post.

Mirá, particularmente me quedo con dos cosas que me parecen fundamentales de lo que decís:

"lo que nos está informando es que Cluetrain no es de aplicación en sistemas masificados que se rigen por las reglas tradicionales, en los que la conversación «es sorda» y en los que la comunicación no consiste en buscar la cercanía sino en llegar a una determinada plataforma haciendo más ruido que nadie, aunque lo llamen «ser social».

Qué más decir... yo estoy totalmente de acuerdo con eso. Y lo venimos diciendo desde hace tiempo: fbk, twt, redes centralizadas en general = buenos canales de comunicación masiva. - Si se venden como lo que son y para lo que permiten fucionan. Ya está, la televisión del SXX extrapolada así nomás al SXXI.

Y el final:

Eso sí, está claro que si otros sistemas más cercanos --y más dados a construir y alimentar otro tipo de relaciones-- no consiguen arañar una cuota de atención a estos servicios centralizados, la profecía de aquellos pioneros («the end of business as usual») se demostrará totalmente equivocada.

Exacto, de cunmplirse eso, ahí los que no debemos mentirnos somos los que pensamos que el 'business as usual' es posible que deje de ser 'as usual' y cambie por una cosa más interesante.

Claro que esperábamos fuese distinto en todo caso.

Imagen de Jose Alcántara

¡Muchas gracias, Michel!

En realidad es distinto, pero en otro lugar. Y en realidad es distinto, pero en otra escala.

Y es que en el momento que lo reagrupas todo es imposible huir de la dinámica de siempre. Falta mucho por mejorar, mucho por inventar y muchas ideas nuevas por tener y desarrollar, pero de repente ves cómo sí hay empresas que se vuelcan a hacer las cosas de otra forma, que no todo es estar en Twitter con 20 cuentas diferentes (¡qué esquizofrenia!) y en Facebook con otras tantas. Claro, cuando se les propone el plan hay que ofrecerles todo, es el marco mental en el que hay que desenvolverse... pero por ahí es posible ir sembrando semillitas de «nuevo mundo», llevar a cabo proyectos y realizar tareas que de verdad permiten mejorar.

En este caso, y por poco que nos gusten ciertos entornos, la intransigencia lleva al desierto: hay que aceptar lo malo para poder demostrar que lo que proponemos es bueno. Al menos, por ahora :)

Imagen de Gonzalo Martín

Hace tiempo que en posts internos de Territorio creativo, en el blog de la compañía y en algún artículo que me han pedido he hablado abiertamente sobre la contradicción entre el discurso Cluetrain y la realidad. Decía Lessig que internet no es más que código, así que si se reescribe, cambia lo que decimos que es. Con el marketing y la publicidad ha pasado lo mismo en la red: cuando el establishment se ve sorprendido por un fenómeno que no entiende (primero, efímeramente, los blogs; después las "redes sociales") se acercó a los guruses de ese espacio, freaks, blogstar y twitstars (vamos, tipos como Galli) y les hablaron de esto del Cluetrain, de eso de que ya no me podías hablar como a un tonto.

Pero la verdad es que muchos de esos mismos se han apuntado al spam y la publicidad intrusiva de la misma manera que fue siempre. Así, poco a poco se perdió todo sustrato ideológico de los fundadores de la red, del dos punto cero cuando tenía sentido como empoderador, y el código quedó reescrito. No soy ingenuo: en realidad, nunca lo entendieron, era un mantra como cualquier otro. Dado que el dinero grande de las empresas en comunicación lo tienen las que acuden al consumo de masas, no queda otra: comunicación de masas por nuevos canales. Puesto que la gente mira su paginita de facebook (y, encima, se creen liberados) lo que se vende es espacio publicitario como siempre. Ninguna gran empresa se traga, en realidad, lo de hablar con el cliente, ni la honestidad: pasado el miedo por ver su nombre en público, se trata de bajar el muro y tapar la mierda. Ademas, mierda expresada por una masa idiotizada convertida en troll y que, simplemente, ya no hace daño. Salvo que El País decide que "las redes sociales arden" y construye un relato del que nadie puede dar cuenta ni demostrar que sea tan importante, les vasta con un hashtag y un trending topic.

Castells, siempre cauto, nunca se tragó el mito de las redes distribuidas. Para él todo son micromedios de masas. Y creo que ha acertado. El cluetrain, como la ética blogger, como la netiqueta han quedado como vestigios de un mundo reducido: nadie sabe ya lo que es. Por supuesto, de modo subyacente y sin ruido, los blogs, los foros, pequeñas empresas obligadas a ser honestas y necesitadas de alcanzar públicos empleando pocos recursos siguen, lo sepan o no, usando más o menos esos principios. Pero ahí, amigos, no hay dinero, eso no dará para un congreso sobre branded content.

El sueño de bellas palabras que nos hizo más o menos importantes ha desaparecido. Pero, aquí seguimos. Ni siquiera merece la pena la nostalgia. Eso sí,y esto no es venganza o esperar, la vitalidad de estos sistemas ridñiculos como facebook disminuirá mientras las cosas que la tecnología puede hacer siguen ahí cambiando el mundo lentamente. Siempre es todo más lento de lo que pensamos. Y vete a saber lo que sale: yendo a mis temas, que "triunfe" la legalidad de las películas en la red sólo es la antesala de una nueva decepción del establishment cuando vean que el modelo llamado legal se agota como producto. O puede que sea otro cibersueño más. Nosotros, a lo nuestro. Creo.

Imagen de Jose Alcántara

Está claro que incrementando lo suficiente las expectativas ante cualquier novedad, siempre podemos llegar a ese nivel en el que, por bueno que sea el resultado, sentiremos decepción. Y como decía un compañero de la universidad que había vivido muchos años en Ronda, «aquí el que más y el que menos, le tira piedras a los aviones...». Me temo que todo sueño pasado prometió más de lo que debía prometer, es un juego complicado de jugar y es fácil (extremadamente fácil) que se nos vaya la mano, si bien hay auténticos expertos en esta exageración comercial :D

La realidad, como tú apuntas y más abajo ya Fernando se muestra de acuerdo, es que de toda novedad se habla en tanto que novedad. Luego la mayoría de las herramientas se olvidan, y muchas de ellas se olvidan porque (además) se abandonan. Sin embargo, hay un pequeño grupo de herramientas que no se abandonan y quedan en 2º plano modificando su entorno, transformando su realidad.

Eso sin contar que en 10 años ha habido varios servicios web que, a su tiempo, han sido la auténtica moda absoluta. La mayoría de ellos mordió el polvo y no creo que ninguno de ellos siga en pie dentro de 10 años. Internet, por contra, no hará sino crecer. Y si conseguimos mantener un mínimo de frescura (no pretendo abrir otro debate en comentarios, pero la legislación de propiedad intelectual y patentes es sin duda un impedimento), eso debería cambiar muchísimas cosas. Falta saber si será posible pero, en todo caso, nosotros a lo nuestro. Cree usted bien.

Imagen de www.criticidades.com
Imagen de Fernando Polo

1) Dices:
"pero no negaré que creo que spam (y no me olvido del spam analógico) ya hemos recibido demasiado a lo largo de la historia y que de Internet efectivamente esperábamos que mejorara esto."
Y resulta que Internet ha creado la mayor máquina de spam, que es el correo-e, y su aliado rollito Cluetrain, que es Facebook (por no decir Twitter). Incluso en los "medios sociales" pioneros (como los foros), en los que el spam no era "eficiente", o en blogs (granjas de blogs).

2) Dices:
"una edición en papel de The Cluetrain Manifesto, que no podía faltar, por supuesto"
Oye, que es una primera edición original!! Aunque el éxito del Cluetrain fueron las 95 tesis colgadas online, esa edición no es fácil de encontrar ;-)

3) Dices:
"las técnicas de comunicación y publicidad en servicios como Facebook y Twitter siguen las normas de la comunicación de medios de masas tradicional: buscar la hora punta para alcanzar a millones de personas con mensajes a menudo vacíos, carentes de toda provocación que pueda conllevar la pérdida de un cliente"
Un logo corporativo no puede hablar como una persona, y ese es el problema. Cuándo nos daremos cuenta, que -como decía el Cluetrain- las relaciones directas con las personas que conforman las empresas son las relaciones que realmente nos interesan (y no "el hacernos amigos de un banco").

4) Dice Gonzalo:
"la vitalidad de estos sistemas ridículos como facebook disminuirá mientras las cosas que la tecnología puede hacer siguen ahí cambiando el mundo lentamente"
Yo digo parecido, será que hablamos demasiado entre nosotros. Publiqué un post la semana pasada, titulado "la revolución ya se está twitteando", donde escribía algo así (sorry por la sábana):
"Llevo algún tiempo observando el interés creciente con que desde los departamentos de marketing y comunicación se mira a la web 2.0. Años predicando en el desierto me han hecho ponerme en guardia ante la burbuja y el hype. Mi escepticismo no es solo morriña del pionero. Es que por doquier, las personas que están “forzando” estrategias 2.0 no son usuarios de los medios sociales o lo son, pero son más bien conversos que siguen adorando la centralidad de la marca y buscando “audiencias” en entornos de relación (se nos llena la boca de engagement, pero seguimos adorando al GRP). [...]
La promesa “social” (el santo grial) por ahora es “más de lo mismo” disfrazado de 2.0. Y sin embargo, sigo siendo optimista. Porque la revolución ya está siendo tuiteada. Y no me refiero a derramamientos de sangre real, sino al cambio estructural que le espera a una sociedad que se enfrenta a los efectos de una nueva tecnología revolucionaria (como en su momento fue la imprenta, o el telégrafo, o la televisión)."

Oye, un placer venir a comentar a tu casa. Qué bueno el post. Hasta me han dado ganas de comentar (sin twittearlo ;-)

Imagen de Jose Alcántara

Muchas gracias por el comentario y los aportes. Leí tu post y la frase que recuerdas aquí («se nos llena la boca de engagement peeeero...») es de las que me hizo sonreir porque en qué pocas palabras cabe todo un fenómeno tan grande. Tenéis razón ambos, Gonzalo y tú, en que los pequeños cambios, ésos que porque ya no son novedad no acaparan ni atención ni hype terminarán transformando las cosas de formas que, probablemente, somos incapaces de prever. En ese sentido, está claro que la herramienta real es Internet, es la gran cinta transportadora sobre la que nos movemos y sobre la que dejamos paquetes y encontramos sorpresas... la web, las aplicaciones, los servicios basados en APIs, es normal que nos gusten y es normal que le dediquemos atención. Pero seguramente ninguno de ellos nos sobrevivirá, Internet sin embargo... larga vida :D

Y como decía al principio, gracias por el aporte, así da gusto postear :)

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… ven, ironía y humor. Pues están entonces preparados para leerse el mejor manifiesto escrito desde el Cluetrain o hasta para revisitar el Cluetrain. Posted oct 04 , 2012 Categorized: Redes sociales Tagged: Manifiesto Cluetrain, Venkatesh …

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